MUJER Y MIGRACIÓN / Tránsito y Memorias

Obra cinco. Activación 1

INSTALACIÓN, INTERVENCIÓN Y ACCIÓN FINAL TITULADA:  FRAGMENTO

Centro Nacional de las Artes. CENART

14 de marzo. 2026

Participación: Astrid Harumi Arroyo Tamayo, Marissa Ángeles Morales, Carolina Carrasco Jiménez, Sara Elizondo Villela, Yuval Espinoza Hernández, María Fernanda Garduño Barrera, Vera Kimosura, Brenda Violeta Maqueda González, Itsi Muñoz Ramírez, Fernanda Itxel Muratalla García, Tania Pérez Ruiz, Sarah Rodas Revilla, Ximena Silva Carrasco y Luis Arturo Lapa.

Acción final. Participación:  Yuval Espinoza Hernández

Fotografía y Video: Hazel Rocha Calderón

Agradecimiento: Ana del Castillo, Ana Sánchez Montalvo y María García Marqués

El dispositivo está conformado por doce dibujos de mujeres en el acto de caminar y los testimonios en sus trayectorias migratorias, impresos en un soporte resistente a la intemperie. Cada pieza se desplaza sobre un diablito metálico, movilizado por doce mujeres que activan la obra. En los momentos de pausa, la pieza se configura como una instalación; se colocaron ladrillos en la parte trasera de cada imagen para aludir, simbólicamente, al peso del pasado y al hogar abandonado.

Concebida como una estructura flexible, la propuesta dialoga y se reconfigura según las condiciones específicas de cada espacio y la comunidad que la habita. En su activación dentro del CENART —el 14 de marzo, en el marco del 8M—, la obra adaptó su estrategia al incorporar la entrega de preguntas detonadoras sobre mujer y migración al público visitante.

En el cierre de la activación del día 14, Yuval y yo realizamos la acción titulada «Fragmento». Interactuamos con doce ladrillos que fuimos colocando gradualmente en la parte trasera de cada imagen, simbólicamente detrás de su cuerpo, para entablar un diálogo con aquello que se dejan atrás, la memoria del lugar y el anhelo de transitar hacia un hogar seguro.

La experiencia completa nos lleva a reflexionar sobre la condición migratoria atravesada por el conflicto desde el origen de la movilización, el trayecto y la llegada a cualquier lugar. Frente al despojo, la violencia y la fractura del desplazamiento, la obra rescata la dimensión colectiva: la esperanza, la confianza y el apoyo mutuo se convierten en formas de sobrevivencia y resistencia.

Diseñada originalmente para habitar el espacio urbano del Centro Histórico, la obra se activó por primera vez en noviembre de 2025 con cinco pieza que se movilizaron por la calle Moneda hacia Tepito, una ruta marcada por la significativa presencia de familias migrantes. Los «diablitos» no solo cumplen una función utilitaria de transporte; conceptualmente simbolizan el viaje en caravana, enfatizando el estado de tránsito y movimiento continuo aun cuando la estructura se encuentra detenida.

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