Estética de la Cognición

Experiencia de largo plazo con diversas personas

Esta experiencia detona procesos transformadores en quienes participan, ofreciéndoles un recurso de entereza frente a la violencia y las problemáticas sociales de sus contextos de vida.

El proceso inicia cuando cada persona elige una palabra que representa una conducta o forma de ser que identifica como problemática en su vida y desea modificar. Posteriormente, busca el término opuesto para escribirlo en su brazo durante quince días. Así, permanece en constante vínculo e influencia con la sensación que la palabra proyecta y cómo esta se manifiesta en su cotidianeidad.

“Palabra en el brazo” se enmarca en lo que he denominado Estética de la cognición, un enfoque que explora la interconexión entre los procesos mentales, emocionales y sensoriales. Esta propuesta —que ha tenido continuidad en diversos momentos que abarca el apoyo del SNCA— invita a los participantes a reconocer y reconfigurar sus propias experiencias. La convocatoria se gestiona a través de los talleres, cursos y charlas que imparto, así como en el intercambio con redes de colaboración y afecto.

En esta práctica, las transformaciones significativas se revelan al explorar la palabra desde las sensaciones y emociones corporales que evoca en vez de colocar el foco en el significado puramente conceptual. Cada participante elabora un texto breve que condensa sus hallazgos, memorias y las situaciones desencadenadas por el proceso.

El proyecto conecta directamente con El poder de las palabras de Mariano Sigman, cuyo enfoque neurocientífico demuestra cómo el lenguaje activa la capacidad del cerebro para rediseñar narrativas personales, emociones y conductas.

 

Fragmentos de las vivencias de algunxs participantes

 

(…) miraba mi brazo y observaba que no tenía la palabra escrita y aunque no tuviera un plumón cerca para escribirla, el simple hecho de recordar lo que significaba, hacia que mi cerebro mandara señales de energía (…) 
 
(…) el hecho de traerla presente y verla tan continuamente, tenerla en la mente y pensarla cada vez que vas a hacer algo, fuera de lo cotidiano y atreverte a hacerlo, con esa fuerza y voluntad fresca (…) 
 
(…) y un día sentí claridad en mi proceso para poder confiar; para confiar en mí, necesito haber reflexionado al respecto, haberme abierto a la sensación que me causa en algunas ocasiones, hasta experimentarla. 

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